Podemos definir las pruebas A/B del Email Marketing como esas pruebas que se fundamentan en la creación de hipótesis sobre nuestros suscriptores, que nos lleven -posteriormente- a realizar una serie de ejercicios para validar dichos supuestos. La manera en la que se llevan a cabo es sencilla: en primer lugar, debemos generar diferentes segmentos de nuestro público objetivo para, posteriormente, aplicar los diferentes supuestos aplicados en ejemplos de emailings. Una vez hecho esto, observaremos y analizaremos los resultados obtenidos en cada una de las campañas, descartando la menos acertada.

De esta manera, poco a poco iremos afinando -cada vez más- los resultados sobre nuestro público objetivo para ofrecerle, cada vez en mayor medida, un contenido que quiere y desea leer y recibir.

Sin duda, una prueba A/B bien planificada, puede marcar una gran diferencia en los resultados de nuestra campaña de Email Marketing en lo que a sus métricas finales respecta.

Los elementos que podemos utilizar para realizar pruebas A/B

1.- El asunto del correo electrónico

La línea de asunto, como ya hemos comentado en varias ocasiones, es crucial a la hora de que el usuario decida si abrir -o no- tu correo electrónico. Cuanto más atractivo sea, mayores tasas de apertura generarás.

De esta manera, puedes jugar de diferentes maneras: prueba a personalizar los nombres, a emplear emojis, intercala líneas de asunto breves con otras más largas, emplea palabras más impactantes con otras más serenas, etc, etc.

Los resultados en cuanto a las tasas de apertura que obtengas con una prueba (A) y otra (B) te servirán para descartar aquello que no está funcionando de manera correcta.

2.- El formato del contenido del correo electrónico

Una vez que has superado la primera prueba, que se identifica con lograr que el usuario -incentivado por la línea de asunto (una línea atractiva)- acceda a leer tu contenido, puedes realizar otro tipo de pruebas que influyan, ya no en la tasa de apertura, sino en la tasa de conversión de tus correos electrónico.

Por ejemplo, prueba a emplear un formato de preguntas y respuestas (Q&A) en tu contenido o haz uso de viñetas con contenido, frente a un formato simple de texto.

3.- La vista previa del texto

Cuando estés definiendo el punto anterior, en el que aclaras el contenido del mensaje, deberás contemplar, valorar y darle la importancia que se merece al texto de vista previa que el usuario verá antes de clicar en el mensaje.

A la hora de definir cómo debe componerse esta línea, podemos encontrar varias líneas de pensamiento de expertos en marketing digital: por un lado, encontramos a aquellos que optan por un uso prudente de esta línea, con algo que no desvele nada acerca del contenido, sino más bien algo tal como «ver este correo electrónico en el navegador web», por ejemplo. Por otro lado, encontramos a aquellos que prefieren arriesgar todo a una, y optan por recoger información interesante que incite aún más al receptor a abrir el contenido.

4.- El CTA o llamada a la acción

Como sabemos, el botón de Call To Action es el último paso para llegar a lograr la conversión tan deseada.

En este punto, puedes optar por múltiples y muy variadas opciones, como por ejemplo:

  • Prueba a colocar el texto del botón en mayúscula y en minúsculas.
  • Prueba a marcar el botón de diferentes colores, uno más cálido y otro más impactante, por ejemplo.
  • Prueba con un frase sencilla y directa (como un «solicita tu muestra ya») y otra con algo más elaborado (como un «¿a qué estás esperando para deslumbrar este verano? No te quedes sin tu muestra»), por ejemplo.
  • ¡Y échale imaginación para realizar varias pruebas, y ver cuál de todas tiene mayor éxito!

5.- La hora de realizar el envío del correo electrónico

La hora de realizar el envío, como comentábamos en alguno de nuestros artículos anteriores, puede ser decisiva para determinar si un usuario abre o no tu contenido. Pero… permíteme que te diga que no hay trampa ni cartón en este punto: lo único que necesitas es conocer a tu usuario.

No será lo mismo que tu suscriptor sea B2B (y, por tanto, le interese abrir tu contenido, por ejemplo, a las 10 de la mañana, ya que lo que le vas a contar puede ayudar a su negocio, y mejor que esté en plena jornada laboral), que si se trata de un suscriptor B2C (que únicamente podrá abrir tu contenido de camino al trabajo, mientras espera al autobús, y, por tanto, deberá recibir tu contenido entre las 8 y las 9 de la mañana, mientras hace tiempo y puede revisar las promociones y ofertas de sus marcas favoritas, por ejemplo).

Como ves… este punto depende única y exclusivamente de conocer a tu usuario. Pero, seguramente, las pruebas A/B te puedan ayudar. ¡Mucha suerte y a por ello!

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